¿Qué esconden los cerebros de los genios?

La historia nos ha dado grandes genios a lo largo de los siglos. Hypatia de Alejandría, Pitágoras, Newton, Tesla, Nash, Einstein, Mozart, Marie y Pierre Curie o Ramón y Cajal son solo algunos de los nombres de las grandes mentes que más han influido en nuestro modo de vida con sus descubrimientos. Generalmente se tiende a pensar que el ámbito de las ciencias es el más prolífero en cuanto a grandes pensadores pero también en el mundo de las artes destacan personalidades que han marcado un antes y un después con sus obras tales como las de Picasso, Dostoievski o el maestro del cine, Alfred Hitchcock.

La vida de muchos de ellos ha sido llevada a la gran y pequeña pantalla para mostrar al público un atisbo de la genialidad que los rodeaba. Así, podemos conocer la vida de Hypatia de Alejandría en Ágora, la de John Nash en Una Mente Maravillosa, la de Alan Turing en Descifrando Enigma, la de Einstein en Genius  y la de Srinivasa Ramanujan en El Hombre que Conocía el Infinito.

También destacan producciones centradas en genios más actuales, como La Red Social, sobre la creación de Facebook a manos de Mark Zuckerberg; Jobs, sobre el magnate de la informática Steve Jobs o La Teoría del Todo, que ahonda en los inicios de Stephen Hawking. Incluso, aun no siendo genios considerados como tal pero sí grandes personalidades en sus ámbitos, se han llevado al relato audiovisual en diferentes formatos la vida y experiencias de hombres como Bobby Fisher o Daniel Negreanu, ambos mitos en disciplinas donde el cálculo matemático es un pilar: ajedrez y póker.

 

 

Albert Einstein
Albert Einstein. Foto: Wikimedia

Protagonistas o no de una película, lo que la ciencia ha podido demostrar con sus investigaciones es que gran parte de los cerebros de estos genios presentan formaciones diferentes a las del resto de la población. Prueba de ello es el análisis y estudio del cerebro de Einstein.

Tras una rocambolesca historia de sustracción no autorizada y varios años escondido en el garaje de Thomas Harvey, el cerebro del creador de la teoría de la relatividad fue a parar a las manos de la neuróloga de la Universidad de California, Marian Diamond. En 1985 esta mujer publicó un estudio en el que afirmaba que el físico poseía un número mayor de células gliales por neurona que el resto de los humanos. Este informe se vería ampliado en 2012 por el neurólogo Frederick Lepore y la antropóloga Dean Falk. Ambos tuvieron la oportunidad de acceder a unas imágenes nunca vistas del cerebro del físico y determinaron que su anatomía era realmente excepcional ya que, mientras la mayoría de los individuos solo cuenta con tres giros prefrontales, Einstein tenía cuatro. Además, todos los lóbulos del cerebro también son anatómicamente diferentes a los de una persona de a pie al tener un tamaño mayor. De este modo los científicos confirmaron que el cerebro de Einstein era radicalmente diferente al de un individuo medio pero no pudieron llegar a confirmar si esta anatomía diferente se desarrolló a lo largo de los años o si Einstein ya nació con ella. Además, si bien todo parece indicar que este desarrollo anormal es clave en la genialidad del Nobel de Física, los científicos tampoco pudieron afirmar con rotundidad que las características del cerebro de Einstein sean la causa de su increíble inteligencia.

René Descartes
René Descartes. Foto: Wikimedia

 

Albert Einstein no es el único gran genio con un cerebro digno de estudio. Recientemente se ha podido reconstruir de manera tridimensional el cerebro de uno de los grandes pensadores del siglo XVII: René Descartes. Esto ha sido posible gracias a la conservación del cráneo del padre de la geometría analítica en el Museo de Historia Natural de París, que ha permitido a los investigadores escanearlo por dentro para apreciar las marcas y huellas dejadas por el cerebro, creando la réplica tridimensional a partir de las imágenes tomadas.

A partir de esta información, se ha podido confirmar que si bien el cerebro de Descartes presentaba un tamaño y unas características normales, contaba además con una ligera protuberancia en la región del cortex frontal, zona vinculada directamente con la comprensión y el desarrollo del lenguaje. Con todo, y al igual que en el caso de Einstein, los científicos no pueden afirmar que este bulto sea la causa de la genialidad de Descartes.

Thomas Hardy
Thomas Hardy. Foto: Wikimedia

El estudio de los cerebros de los grandes pensadores de la historia no es algo contemporáneo sino que ya en 1800 los frenólogos se dedicaban a intentar demostrar que las diferentes habilidades mentales de una persona o incluso la evolución de su personalidad vendrían marcadas por un desarrollo anormal en el cerebro que dejaría huellas en el cráneo. De esta forma, los frenólogos afirmaban que, en función del tamaño, la forma y el desarrollo de determinadas áreas del cerebro de cada individuo, éste estaría destinado a ser un músico pésimo, una persona generosa o un genio, por ejemplo. Generalmente, estos frenólogos trabajaban con los cráneos de los presos pero necesitaban poder compararlos con los cráneos de los grandes genios para sacar conclusiones. Fue por este motivo por el que los cráneos de Haydn y Mozart fueron sustraídos de sus tumbas, el del primero además con una historia de lo más rocambolesca.

Estas apropiaciones demuestran que el interés científico siempre ha estado ligado a la idea de poder demostrar que las grandes mentes de nuestra historia presentaban y presentan diferencias con respecto a las mentes de la mayoría de los ciudadanos. Los estudios han confirmado que efectivamente, en la mayor parte de los casos, las muestras analizadas presentaban ciertas anomalías que podrían haber jugado un papel determinante en el desarrollo de las capacidades cognitivas de estos genios. Sin embargo, ninguno de estos estudios ha podido ser capaz de demostrar con rotundidad que estas anomalías son las causas directas de una inteligencia superior a la de la de media, debido al reducido grupo de muestras para su estudio.

Ahora solo queda esperar a que la ciencia avance, de la mano de los genios de hoy en día, para esclarecer la incógnita que sobrevuela a estos grandes pensadores.