¿Cuáles son tus posibilidades de sobrevivir a un ataque nuclear?

De acuerdo con Doomsday Clock (El Reloj del Día del Juicio Final) no habrá que esperar mucho hasta que llegue la aniquilación nuclear. El que Donald Trump tenga a su disposición 6.800 cabezas nucleares ha llevado el reloj hasta dos minutos y medio antes de la medianoche. Lo que supone un gran cambio con respecto a 1991 (al final de la Guerra Fría) cuando todavía faltaban 17 minutos para la medianoche.

Hasta la fecha ha habido 2.056 explosiones nucleares registradas pero sólo dos de ellas fueron actos de guerra, las bombas arrojadas por EE.UU sobre Hiroshima y Nagasaki en 1945. El tiempo no se ha detenido así que, ¿qué ocurriría si un líder político susceptible decidiese hoy en día arrojar una de esas bombas a una ciudad?

Si en estos momentos no tienes ganas de deprimirte lo mejor es que no veas el vídeo de AsapSCIENCE. Incluso puede que sea una buena idea dejar de leer este artículo pero si tienes estómago suficiente aquí van unos sutiles detalles.

 

Para simplificar AsapSCIENCE ha elegido como ejemplo una bomba nuclear de un megatón, que es 66 veces más potente que la que borró Hiroshima del mapa. Claro que esta arma parece poco más que un petardo de feria si la comparamos con la Bomba del Zar que la antigua Unión Soviética arrojó en 1961 sobre Nueva Zembla, un archipiélago situado en el mar de Barents. Esta bomba liberó (quizá no es la mejor palabra) una energía equivalente a 3.333 bombas de Hiroshima.

¿Qué daño haría esta bomba de un megatón? Bueno, depende de varios factores, incluyendo la hora del día, climatología, el tipo de tierra donde explota o si lo hace en pleno vuelo. Incluso en las condiciones más favorables el resultado no es muy positivo que digamos.

Alrededor de la tercera parte de la energía de una bomba atómica se libera a través de radiación térmica. La cual viaja a la velocidad de la luz, así que si estás mirando lo primero que verás será un fogonazo (literal) de luz y calor. Una bomba de un megatón te dejará temporalmente ciego en un día despejado aunque estuvieses a 21 km de distancia o 85 km si estamos hablando de una noche clara. Dejando aparte la cuestión de la ceguera temporal, te librarías de lesiones mayores. Si la bomba te pilla a 11 km acabarías con quemaduras de primer grado no muy severas. A ocho km las quemaduras ya serían de tercer grado y bastante más serias.

Sobrevivir a un ataque nuclear

Incluso a ocho km podrías perder la vida. Se estima que en el centro de Hiroshima se alcanzó una temperatura de 300.000˚ C. Para poner las cosas en perspectiva, cuando se incinera el cuerpo de un fallecido la temperatura no supera los 1.200˚ C. Así que no quedaría de nosotros ni el carné de identidad.

Cuanto más lejos estés, más probabilidades tendrás de contarlo, pero incluso si las quemaduras no te matan, acabarías falleciendo si no eres tratado a tiempo. A un radio de seis km una bomba de un megatón puede producir ondas con una fuerza de 180 toneladas y vientos de 253 km/h. Y si hablamos de un radio de 800 metros el viento llegaría a ser de 752 km/h.

Luego habría que hablar del envenenamiento por radiación. Una radiación de 600 rem supondría un 90 % de probabilidades de muerte, que se reducen a la mitad si hablamos de 450 rem, aunque entonces habría que lidiar con las posibilidades de sufrir cáncer y el peligro de mutaciones genéticas.

Pero digamos que no estás cerca de la explosión. Entonces has salvado el pellejo, ¿verdad? Bueno, no exactamente. Hablemos por ejemplo de la lluvia radioactiva, la cual puede viajar cientos de km. Sí, sus efectos se debilitan después de un par de semanas (y durante esos 15 días lo más aconsejable es que estés recluido en tu refugio nuclear). ¿Qué quieres decir con eso de que no tienes un refugio nuclear?

Te recordamos que estamos hablando de una bombita de andar por casa, de sólo un megatón. Y las bombas nucleares son como los cacahuetes o las pipas, es imposible conformarse con sólo una. En 2007 se realizó un estudio sobre lo que ocurriría si India y Pakistán se enzarzaran en una guerra nuclear a pequeña escala. Decimos “pequeña escala” porque ambas naciones tiene un arsenal bastante reducido de 250 bombas (Rusia y EE.UU suman casi 14.000 en total). ¿Cuál fue la conclusión del estudio? Pues que con “sólo” 100 bombas del tamaño de la de Hiroshima, 20 millones morirían en el acto, cinco millones de toneladas de humo llegaría a la estratosfera y entraríamos en un invierno nuclear. La temperatura planetaria se reduciría y habría problemas para practicar la agricultura, lo que provocaría hambrunas y más muertes. Un estudio de 2012 predijo que una guerra con 100 bombas nucleares supondría la muerte por hambre de 2.000 millones de habitantes.

Claro que hay excepciones. Un japonés fue capaz de sobrevivir a las dos bombas, la de Hiroshima y la de Nagasaki, para seguir viviendo hasta morir en 2010 con 93 años. Por otro lado, no es fácil mantener la calma cuando el presidente de EE.UU está dando la bienvenida a una carrera de armamento nuclear. En caso de una guerra nuclear el tamaño de cada arsenal no tiene ningún efecto en el resultado pues todo el mundo (literal) saldrá perdiendo (lagarto, lagarto).

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