El futuro del deporte: ¿debemos permitir mejoras genéticas?

Siempre es bueno que se ponga en entredicho tu opinión, y eso es exactamente lo que me pasó durante las discusiones finales del FutureFest de este año, en una charla titulada ‘Aquiles o Proteo: ¿debemos mejorar a los humanos para el deporte?’ en la que se debatió sobre el futuro del deporte.

Mi respuesta inmediata era “no”, de hecho pensé que menuda pregunta sugerían… “ni de coña”. Si permitieras que los atletas tuvieran modificaciones cibernéticas, convertirías los Juegos Olímpicos en una guerra entre robots y no un reto a la capacidad del ser humano de superarse. Pero claro, como yo tengo un lado atlético, digamos, muy limitado, quizás lo mejor era ni pelearse y sentarme a ver qué proponían…

El deporte nunca ha sido justo, así que argumentar la necesidad de que haya igualdad está fuera de lugar”.

En cualquier caso estaba dispuesto a escuchar qué tenían que decirme los profesionales del tema y, llegado el caso, discutir los argumentos del profesor Andy Miah y Tony Strudwick, con la moderación de Phoebe Moore. Miah es el jefe de Comunicación Científica y Medios Futuros de la Universidad de Salford, y está a punto de sacar un libro que explora el futuro del deporte, tras 15 años de seguimiento de los cambios tecnológicos. Strudwick por su parte ha visto estos cambios en primera persona en su trabajo como director deportivo del club de fútbol Manchester United.

El futuro del deporte: el deporte nunca ha sido justo 

El primer paso para intentar hacerme cambiar de opinión fue un reto para mi (inocente) preconcepción del deporte de competición, que aprendí o asumí supongo después de 13 años en el colegio. Es tan sencillo como descubrir que en realidad el deporte nunca ha sido “justo”, que establecer que todos compiten en términos de igualdad es falso. Como explicó Strudwick durante su discurso inicial, ésa es una visión muy romántica pero muy alejada de la realidad. “Cuando hablamos del deporte filosóficamente, nos gusta pensar de forma ética, que competimos con igualdad. Pero no es cierto: la economía, las ideas y la tecnología se encargan de demostrar que no es así”, explicó.

Miah todavía fue más claro, argumentando que la noción de que nos encontramos ante competiciones idílicas sin mejoras artificiales está “totalmente equivocada”. Explicó que, en lugar de perseguir las ventajas poco éticas pero muy escurridizas actuales, permitir mejoras tecnológicas podría servir mejor a igualar las cosas. “Actualmente el mundo del deporte de élite depende de algunas personas que tienen algo que otros no tienen, y esa ventaja es la que suele llevar a unos a ganar y otros no. Si permitimos que la gente use más tecnología, y lo haga de forma abierta, tendrás al final más igualdad de oportunidades aunque los resultados quizás no cambien”, es su argumento.

Los deportes cambiarán, tienen que hacerlo, y nuestra idea de lo que es justo y lo que no no cambiará por ello”.

Si las mejoras podrán llevar o no a una igualdad mayor, a resultados más justos, es discutible, pero la flexibilidad de las normas deportivas no lo es. “El futuro del deporte tiene que ser reescrito teniendo en cuenta los valores actuales” argumenta Miah, subrayando cosas como el “FanBoost” de la Fórmula E (donde los aficionados votan a través de las redes sociales y como resultado los pilotos favoritos reciben más potencia en su coche durante la carrera). Esa es una prueba evidente de que las cosas pueden cambiar en función del gusto del espectador. “Si los Juegos Olímpicos se diseñaran ahora, no tendrías separación entre olímpicos y paralímpicos, y en muchos deportes no tendrías tampoco separación entre hombres y mujeres”. “Los deportes cambiarán, tienen que hacerlo, y nuestra idea de lo que es justo y lo que no lo es no cambiará por ello”, añade.

Futuro del deporte: mejoras genéticas en humanos

Pero… ¿cómo de lejos estamos de un mundo en el que esto sea real? De alguna forma, ya estamos aprovechando la tecnología por ejemplo para conseguir pequeños beneficios al monitorizar los movimientos de los atletas a cámara lenta y poderlos mejorar. “Nosotros, como otros equipos de la Premier League, estamos analizando unos 10.000 puntos de  información a la semana con nuestros jugadores: desde movimientos al correr hasta patrones de sueño”, explica Strudwick. “Lo que esta información nos ofrece es mucho”, pero tampoco reemplaza el trabajo de un entrenador, del elemento humano con sus ojos y su experiencia. “Si nos fiáramos demasiado de los datos cometeríamos errores, del mismo modo que si solo nos fiáramos de la intuición también los cometeríamos”.

“¿Podemos pensar en un futuro en el que los atletas ‘mejorados’ compitan contra otros ‘normales’? Claro, por qué no”.

Y no se trata solo de la información. Hace una década empezaron a surgir historias acerca de jugadores de la Liga: decían que cuando tenían un hijo guardaban el cordón umbilical para aprovechar las propiedades rejuvenecedoras de las células madre, algo que abre una perspectiva ética nueva. “En ese ejemplo hay cuestiones de ética acerca de la autoridad de un padre de aprovechar la sangre que viene del cordón” dice Miah. “¿De quién es esa sangre? ¿Quién está autorizado a usarla? ¿Y cuáles son los propósitos razonables de su uso?”

El futuro del deporte: ¿estás preparado para las mejoras tecnológicas?

“Son cosas factibles hoy en día, podemos hacer eso ahora. Pero no está claro qué pasa con la moral, si es algo aceptable. Si estamos cómodos usando sangre de esa forma, bien, pero es algo que la sociedad actual todavía no ha resuelto. ¿Cómo de preparados estamos para usar la tecnología para mejorar a nuestros deportistas?”

Futuro del deporte: mejoras genéticas en humanos

Y si decidimos que la sociedad está de acuerdo en que se haga, podemos ir más lejos. A medida que nuestros conocimientos científicos aumentan, no tenemos que conformarnos con usar información a pie de pista para monitorizar las mejoras de un atleta, podemos hacer pruebas para ver de qué podrían ser capaces. “¿Qué hacemos? ¿Tomamos el camino de la mejora genética a base de pruebas? ¿Hacemos una preselección de atletas basándonos en sus genomas?”, pregunta Strudwick. “De alguna forma ya lo estamos haciendo cuando estamos seleccionando niños para entrenarles de cara al futuro… ¿es eso ético?”.

“¿Miramos a los jóvenes atletas como ‘productos’ o los vemos como niños con un talento potencial? Son dudas y tensiones que tenemos ahora mismo…”

Incluso dentro de  esas cuestiones éticas, hay más dilemas. “Aunque existen las pruebas genéticas, no son lo bastante fiables como para decirte si el futuro de alguien será tal o cual cosa: castigar a alguien a no hacer algo solo basándose en ese resultado no sería razonable hoy en día”, explica Miah. “Digamos que tú tienes un riesgo para el que hay una prueba, y yo tengo un riesgo para el que no hay prueba: no sería justo probarte a ti cuando no puedes probarme a mí”.

En cuanto a la visión del futuro del deporte que vayamos a tomar, Strudwick deja claro que, hasta cierto punto por lo menos, no es algo que esté en nuestras manos. “¿Puedo ver un futuro en el que atletas mejorados compitan contra atletas ‘normales’? Desde luego que sí, por qué no, pero no es cosa mía decidir esto: será el espectador quien lo decida”.

Ese espectador no será Miah, cuya opinión es esta: “Solo merecerá la pena ver las competiciones entre deportistas mejorados” si es el camino que se decide seguir. “Ese futuro en el que tendremos Juegos con atletas mejorados y normales no ocurrirá nunca, porque solo nos interesarán ya los que sean capaces de superar los límites de lo humano gracias a la tecnología. Imagina los 100 metros lisos: ¿cuánta gente vería la clase ‘humanos normales’ y cuántos verían de qué son capaces los ‘atletas mejorados’?”.

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