Un hospital adquiere la primera unidad de biofabricación para imprimir huesos y tejidos en 3D La culminación para el nuevo instituto será el desarrollo de la impresión en 3D de órganos humanos

Un hospital en Australia será el primero en contar con una unidad dedicada al desarrollo de la impresión de tejidos 3D.

El instituto de “biofabricación” de Herston Health Precinct, en Brisbane, será un espacio donde los médicos podrán desarrollar técnicas para diseñar nuevos tejidos utilizando el escáner clínico avanzado, el modelado y la impresión 3D.

“Será la primera vez que un instituto de fabricación de biocombustibles será ubicado en un hospital de alto nivel”, dijo Cameron Dick, Ministro australiano de Salud.

La instalación, que se planea abrir en 2017, será una colaboración entre la Universidad Tecnológica de Queensland, el Metro North Hospital, el Royal Brisbane y el Hospital de Mujeres (RBWH). Sus dos plantas abarcarán una amplia gama de áreas de investigación de ingeniería de tejidos, así como espacios educativos y centros de innovación.

“Nuestra visión para el cuidado de la salud es que el instituto de biofabricación allanará el camino para que las impresoras 3D se sienten en los quirófanos, listas para imprimir tejidos según sea necesario, en nuestros hospitales del futuro”, dijo Dick.

La colaboración parece marcar un importante paso adelante para el uso médico de impresión 3D. El campo todavía está en estado de gestación, pero ha habido una serie de avances en los últimos meses. Uno de los problemas de los investigadores ha sido encontrar un medio para suministrar sangre al material impreso. Sin embargo, el Wake Forest Baptist Medical Center en los EE.UU., desarrolló recientemente un método para la impresión 3D de tejido que permitió que los vasos sanguíneos y los nervios crecieran en los implantes.

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El Santo Grial para muchos investigadores será la aplicación de esta tecnología a la creación de órganos complejos como los riñones. A corto plazo, la impresión 3D es más probable que resulte útil cuando se reemplaza el cartílago y los huesos rotos. Una vez más, el obstáculo aquí es llegar con métodos para mantener los implantes vivos en el cuerpo, y para evitar que sean rechazados.

“Muchos de los implantes que estamos desarrollando, podemos implantarlos en un paciente y como el tejido crece de nuevo, no se rechaza, el armazón se reabsorberá con el tiempo y el tejido crecerá aún más y, finalmente, el implante se habrá ido”, dice Mia Woodruff, profesora asociada de QUT. “No siempre tenemos que usar más implantes metálicos, podemos desarrollar materiales compuestos de alto especificación que se disuelven a medida que el tejido se cura”.

Debido a que las listas de trasplante de órganos son “interminables”, Woodruff afirmó que el “final” para el nuevo instituto sería la capacidad de imprimir 3D órganos artificiales. La impresión estilo androide de Westworld aún no está disponible, pero una época en la que los cirujanos serán capaces de fabricar órganos ha podría estar en el horizonte.

Imágenes: QUT

 

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