LIGO consigue el Premio Nobel de Física por su descubrimiento de las ondas gravitacionales

Tres científicos estadounidenses han sido los últimos en ganar el Premio Nobel de Física gracias a su aportación en el descubrimiento de las ondas gravitacionales. Rainer Weiss, Kip Thorne y Barry Barish se han repartido el premio dotado con nueve millones de coronas suecas (unos 938.000 euros).

Estos tres hombres se unen a otros 204 físicos que han sido premiados desde 1901. En este campo era difícil pensar en otro ganador, no es vano Olga Borner (miembro de la Real Academia Sueca de Ciencias) describió el descubrimiento como “un hito: una ventana al universo”.

Ondas gravitacionales

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Ondas gravitacionales

¿Por qué es tan importante el descubrimiento de las ondas gravitacionales? La verdad es que es fácil poner cara de póquer cuando uno escucha o lee palabras como “agujeros negros”, “relatividad” o “curvatura del espaciotiempo”. Estos términos a veces se emplean de forma algo temeraria, sin tener muy claro qué significan. Lo que no quita que el descubrimiento de las ondas gravitacionales sea un hito en el mundo de la física.  

En teoría (al menos hasta ahora) las ondas gravitacionales son ondas de choque que se producen cuando dos objetos colisionan entre sí. Estas ondas alteran de forma sutil el espacio y el tiempo alrededor de ellas. Se supone que este fenómeno puede ocurrir cuando chocan dos objetos de cualquier tipo. Ahora bien, hay que tener en cuenta que la explosión de una supernova en nuestra galaxia sólo alteraría la distancia entre nosotros y el Sol en una longitud de un átomo y solo por unas centésimas de segundo. Así que no es de extrañar que haya sido tan difícil mostrar este fenómeno.

 

No sólo se trata de un enorme logro técnico, sino que además hay otras razones para celebrar este descubrimiento. Aquí tienes seis argumentos.

1. Se ha empleado una tecnología alucinante

Las ondas gravitacionales son muy, muy pequeñas, lo que hace que sea extremadamente difícil detectarlas. Estamos hablando de un trozo de átomo en un gigantesco evento en la galaxia. Este fenómeno lo distorsiona todo, incluso los instrumentos de medida. Es como si quisiésemos medir con una regla cómo aumenta un balón al ser inflado, sólo que la regla va creciendo al mismo tiempo. Así que no notaremos ningún cambio.

Entonces, ¿cómo lo han conseguido medir los científicos? Pues usando como “regla de cálculo” la velocidad de la luz, que siempre permanece constante. En otras palabras, si el espaciotiempo se contrae, la luz deberá viajar un poco más deprisa. En cambio, si el espaciotiempo se expande, la luz irá algo más lenta. Aquí ha llegado el momento de hablar de LIGO (Laser Interferometer Gravitational Wave – interferómetro láser de ondas gravitacionales). Se trata de un par de túneles de 4 km de largo que emplean la tecnología láser para medir los cambios de distancia entre los extremos de los túneles. Los científicos “simplemente” tienen que medir la interferencia de los láseres para probar su existencia. Hemos puesto “simplemente” entrecomillado porque estamos hablando de cambios casi imperceptibles. Para ello hay que emplear una tecnología capaz de detectar diferencias de una diezmilésima parte del diámetro de un protón.

2. Einstein tenía razón

Ya muy poca gente es capaz de decir que Einstein se equivocó con la Teoría de la Relatividad, pero había un punto conflictivo en el trabajo del genio de la física: Einstein había hablado de la existencia de las ondas gravitacionales, pero nadie las había visto nunca. Justo 100 años después de que la Teoría de la Relatividad saliese a la luz, este descubrimiento confirma que Einstein tenía razón.

Lo que nos quita un peso de encima, pues si Einstein se hubiese equivocado, entonces un montón de las cosas que hemos asumido sobre el mundo que nos rodea serían también erróneas.

Ondas gravitacionales

3. También podría demostrar la Teoría del Big Bang

Las ondas gravitacionales nos pueden ayudar a comprender cómo empezó el universo, rastreándolas hasta su origen. Brucen Allen, del departamento de física gravitacional del Instituto Max Planck, aseguró que: “Las ondas gravitacionales pueden viajar de forma libre y regresar a tiempos muy tempranos. Así que lo que mola es que llegará un día en que usando las ondas gravitacionales seremos capaces de ver el universo en sus comienzos. Eso fue lo que hizo que hace 25 años me empezase a interesar por este campo”.

4. Nos permitirá “ver” mucho más del universo

Los telescopios actuales no pueden ver muy lejos en el universo. Incluso el descubrimiento de Kepler-452b fue detectado por el paso de su sombra por delante de una estrella. No es que se haya “visto” en realidad. Las ondas gravitacionales podrían ayudar a construir telescopios que reúnan imágenes de parte del universo que hasta ahora eran inalcanzables.

5. Aprenderemos más sobre los agujeros negros

El problema con los agujeros negros es que por principio no emiten ninguna luz, por lo que la solución podrían ser las ondas gravitacionales. “Si dos agujeros negros orbitan alrededor uno del otro, la única manera de verlos es con las ondas gravitacionales porque los agujeros negros no emiten luz, ni ondas de radio, ni rayos X, ni nada de nada”, explicó Allen.

La colisión de los agujeros negros y de las estrellas de neutrones (objetos pesados de verdad) producen unas ondas que se pueden medir desde la Tierra.

6. La noticia llegó con una tarta

Si no te hemos convencido, todavía nos queda una bala en la recámara. El descubrimiento de física más importante de este siglo salió a la luz en forma de tarta.

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