¿Por qué el espacio está arruinando la perfecta visión de los astronautas? Los científicos finalmente tienen una idea de por qué los astronautas regresan de sus largas misiones con la visión borrosa.

Puede parecer una afirmación bastante obvia, pero para llegar a Marte –algo que ya es bastante difícil-  ser capaz de ver sería una verdadera ventaja. Desafortunadamente, y tras un nuevo estudio que se presentó en la reunión anual de la Sociedad radiológica de Norte América (RSNA), se ha descubierto que el origen de las dificultades visuales de los astronautas está relacionada con los cambios en el líquido cefalorraquídeo.

Este deterioro visual se da en casi dos tercios de los astronautas que están largos períodos a bordo de la Estación Espacial Internacional (ISS). Pero, ¿hasta que punto llega el deterioro? Bueno, John Phillips es un caso particularmente preocupante. La vista pasó de 20/20 a 20/100 después de solo seis meses a bordo de la ISS hace 16 años. Mientras que, Scott Kelly regresó a la Tierra en marzo de este año informó que necesita gafas para leer desde su regreso. Y eso que fue seleccionado por su excelente visión.

Entonces, ¿qué es lo que está pasando? La teoría de la NASA era que la microgravedad esta aumentando la presión dentro de los cráneos de los astronautas, dando como resultado unos dos litros de líquido vascular que se desplazan hacia la cabeza, presionando tanto el cerebro como la parte posterior de lo ojos. Un síndrome que fue catalogado como deficiencia visual de la presión intracraneal (VIIP).

Pero un equipo de investigadores de la Universidad de Miami han realizado más pruebas, y han llegado a una respuesta sutilmente diferente: “es el líquido cefalorraquídeo (LCR) en lugar del líquido vascular”. Por lo general, el LCR es bastante útil, ya que ayuda a amortiguar el cerebro y la médula espinal. El sistema LCR está diseñado para adaptar el cuerpo a los cambios significativos en las presiones hidrostáticas, como cuando una persona salta, pero la gravedad cero es otra historia.

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“En la Tierra, el sistema LCR está construido para acomodar estos cambios de presión, pero en el espacio el sistema está confundido por la falta de cambios de presión relacionados con la postura”, explicó el autor principal del estudio, Noam Alperin.

Para llagar a esta conclusión, Aperin y su equipo realizaron exploraciones de resonancia magnética de órbita y cerebro de alta resolución antes y poco después de los viajes espaciales para siete astronautas de misiones largas en la Estación Espacial, para saber más sobre el papel del LCR en la discapacidad visual inducida por los vuelos espaciales. Compararon los resultados con los de nueve astronautas de misión espacial corta y los resultados mostraron que el primer grupo de astronautas tenía un volumen de LCR significativamente mayor, especialmente alrededor de los nervios ópticos y las cavidades en el cerebro donde se produce el líquido.

El Dr. Alperin dice que este tipo de cambios necesita ser detectado rápidamente para evitar daños a largo plazo. “Si las deformaciones estructurales oculares no se identifican temprano, los astronautas podrían sufrir daños irreversibles. A medida que el globo ocular se vuelve más aplanado, los astronautas se vuelven hipermétropes y miopes”.

No hay prevención o cura para ello. Los efectos se reducen a veces después de regresar a la Tierra –pero no siempre o completamente-, y estamos hablando de tan solo seis meses en el espacio. El viaje a Marte sería por lo menos de seis meses y, si agregamos el largo tiempo que estarían los astronautas allí, más los seis meses de vuelta a la Tierra, el riesgo de ceguera sería muy alto.

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Si hay alguna esperanza, puedes encontrarla en el astronauta jubilado Clayton Anderson, quien no tuvo problemas al regresar de un período de cinco meses en el espacio hace nueve años “Parece –según estudios adicionales de la NASA realizados en el Centro Espacial Johnson en Houston-, que tengo un proteína espacial navegando a través de mi cuerpo, que no permite que este fenómeno ocurra”, escribió en Quora. Aparentemente, la NASA todavía está investigando esto.

Por ahora, sin embargo, podemos agregar esto a la pila de posibles problemas médicos que pueden afectar a los astronautas. Ya hemos aprendido que son cuatro a cinco veces más propensos a sufrir enfermedades cardiovasculares, y que hay un alto riesgo de demencia –es casi como si no fuéramos diseñados para viajar más allá de nuestra propia atmósfera.

Imágenes: NASA y Gordon Wrigley usadas bajo Creative Commons.

 

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