Barcelona: una ciudad inteligente que está devolviendo el poder a sus ciudadanos

Las ciudades son cada vez más “inteligentes”. Hay sensores por doquier que miden el flujo del tráfico, las condiciones medioambientales, etc. Estos datos permiten a las administraciones gestionar mejor los problemas en las urbes. Pero ¿quién decide cuáles son los problemas de la ciudad inteligente que merecen ser abordados? ¿Si las decisiones dependen de la información recogida por los sensores significa que estamos en las manos de las empresas que los producen? ¿Quién es el propietario de toda la información que se reúne en la ciudad?

En los últimos años se han producido interesantes novedades en este aspecto. Los ciudadanos han empleado sensores para dar información de la radiación en Fukushima o de la calidad del aire en Ámsterdam. “Las compañías tecnológicas alcanzarán acuerdos con los ayuntamientos para enfrentarse a retos como tales como la movilidad, la polución, los residuos… Para ello se empleará las infraestructuras apropiadas. Nadie quiere ser el alcalde de una ciudad que no sea inteligente. Ahora sabemos que la información tiene un gran valor”, dijo Mara Balestrini, una experta que ha trabajado para Barcelona, Bristol y otras ciudades.

Ciudades Inteligentes - Singapur

 

Las ciudades inteligentes han estado muy influenciadas por los grandes proveedores de tecnología. Lo que significa instalar primero la infraestructura tecnológica, redes de sensores, dispositivos que recogen información y además trabajar en la conectividad. Sólo entonces es cuando se empieza a pensar: ‘¿cuáles son las necesidades y problemas a las que nos estamos enfrentando?’. Ello llevó a que la administración municipal resolviese los problemas tecnológicos y no los problemas de los ciudadanos que es el elemento clave en el que debe centrarse la administración”, dijo Francesca Bria, jefa del departamento digital de Barcelona.

Puedes acabar con un sistema operativo que sea una caja negra en el que la ciudad pierde el control de información crítica y de los datos que deberían ser usados para tomar mejores decisiones. Otro problema al privatizar es que se crea una dependencia de muy pocos proveedores… Lo hemos visto en algunas administraciones, por ejemplo con Microsoft. En el caso de la ciudad inteligente este bloqueo se extendería a toda la infraestructura urbana de la urbe. Hablamos del transporte, la gestión de residuos e incluso el agua y la energía distribuida por una infraestructura ecológica. Es un gran problema para las administraciones públicas, se trata de perder el control de la gestión de las infraestructuras”, añadió Bria.

Ciudades inteligentes

Así que, ¿cuál es la solución? Averiguar las necesidades de la ciudad y de los ciudadanos, luego buscar la tecnología apropiada y asegurarse de que la tecnología es de código abierto para maximizar la interoperabilidad. Esto no sólo aumentará la competición entre los suministradores y ayudará a las ciudades a compartir el conocimiento, sino que permitirá a las administraciones locales unir distintos puntos de la infraestructura en la ciudad inteligente.

Uno de los mayores problemas que tenía Barcelona era la falta de interoperabilidad. Tienes una red de sensores para el sistema de alumbrado, otro para el pavimento y otro para gestionar la calidad del agua. Tres sistemas diferentes que no se comunican entre sí de manera estándar. Además la ciudad no tenía acceso a la parte más crítica, los datos”, dijo Bria.

La nueva filosofía en Barcelona es “reconocer que los ciudadanos son los dueños de los datos”, comentó Bria. Junto con Ámsterdam y otros socios, la capital catalana forma parte de un consorcio llamado Decode que cuenta con un presupuesto de 5 millones de euros por parte de la Comisión Europea. Lo que podría estimular la aparición de plataformas rivales de Silicon Valley en la “economía compartida”.

Los ciudadanos deciden qué datos quieren donar y en qué términos. La información no está centralizada en manos de unos pocos. Este es el primer paso para crear la nueva generación de plataformas de economía colaborativa que son más sostenibles”, dijo Bria refiriéndose a Decode.

El proyecto también podría solucionar uno de los asuntos más delicados de la ciudad inteligente: la privacidad. Gran parte de la información que mueve las ciudades inteligentes son datos personales. Por ejemplo, si los ciudadanos ponen sensores en sus hogares para medir el nivel de ruido o la calidad del aire, tendrán que aceptar que estos dispositivos también podrían recoger información sobre ellos mismos. Se podría utilizar la tecnología blockchain (cadena de bloques) junto con el cifrado para poder acceder o controlar esos datos.

Estamos implementando Decode para que los ciudadanos puedan decir: ‘OK, sólo quiero compartir estos datos con mi comunidad o con la ciudad porque si la ciudad tiene esta información podrá hacer algo sobre el nivel del ruido’”, dijo Bria.

Ciudades inteligentes

 

De acuerdo con Balestrini, algunas nuevas administraciones locales se han dado cuenta de que sus predecesores firmaron acuerdos de largo recorrido con proveedores de tecnología. Ahora las nuevas administraciones tienen que comprar los datos de sus propias ciudades a esos proveedores, en vez de recolectar la información ellas mismas. “Es fascinante cuando te das cuenta de la cantidad de datos que se pueden recoger en la ciudad y de lo útil que es. Estos datos sirven para dar mejores los servicios y ahorrar dinero”, aseguró Balestrini.

Las grandes empresas tecnológicas como Cisco, IBM y Google seguirán jugando un papel fundamental en el desarrollo de las ciudades inteligentes. Pero a medida que se desarrollen proyectos vecinales y se comparta esa información, el control de la tecnología y de los datos estará más y más en manos de los ciudadanos, que es a quienes se debe servir.

Imagen diseñada por Freepik

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