El futuro de la realidad aumentada se apoya en el arte de los años 30

“Hice un curso de lectura rápida y pude leer ‘Guerra y Paz’ en 20 minutos. Habla de Rusia” (Woody Allen).

Hay pocos objetos físicos más unidos al tiempo que el libro. Cuando tienes uno en la mano lo mides en semanas no en gramos. Leerlo de cabo a rabo lleva tiempo. Leer “Guerra y Paz” lleva tiempo. ¿Sería posible coger ese medio millón de palabras y dárselas a tus ojos en un instante? Algo así podría haber pensado el escritor del siglo XX Bob Brown cuando se le ocurrió la idea de la Máquina Lectora.

“Para continuar leyendo a la velocidad actual necesito una máquina. Una sencilla máquina para leer que pueda llevar y traer con facilidad, alimentar con cualquier enchufe y leer en 10 minutos novelas con cientos de miles de palabras”, escribió Brown en “The Readies” durante los años 30.

La máquina de Brown nunca llegó a fabricarse pero sí que se hizo un prototipo que se parecía mucho a un rudimentario lector de microfilm (una tecnología que se estaba desarrollando por aquella época). La idea era que textos micrográficos podrían ser proyectados en una pantalla.

Eric White, profesor de literatura americana en la Oxford Brookes University, dice que la máquina de Brown era mucho más ambiciosa: “Las ideas de Brown no sólo se adelantaron al hipertexto y a la ‘navegación’ sino también a aspectos de la realidad aumentada. Por ejemplo, se dio cuenta de cómo los anuncios con luces de neón estaban cambiando la relación entre el espacio y los textos. Llegó a hablar de imprimir ‘tinta radioactiva para leer por la noche’ y de manipular con las manos los textos electrónicos”.

A principios del siglo XX Brown trabajó en casi todo tipo de formas de escritura: publicidad, periodismo, cómics, poesía, guiones de cine y etnografía. Editó una revista de socialismo avant-garde y fundó en Brasil una editorial internacional de noticias. Escribió algunos libros de cocina que tuvieron un tremendo éxito, entre los que se encuentra “El Libro Total del Queso”. En 1930 Brown quería construir el prototipo de un dispositivo que podría “grabar las palabras desde el éter”. El artista se puso en contacto con algunos escritores modernistas como Gertrude Stein, William Carlos Williams y Ezra Pound para que le ayudasen a reunir una antología de textos para atraer financiación para su máquina lectora. Lo más increíble fue que Brown quiso utilizar unas tecnologías que no existían a comienzos del siglo XX.

Grafiti con Iain Sinclair

Eric White y John Twycross (un artista digital) usaron una plataforma de RA llamada Vuforia para crear una app prototipo (también llamada La Máquina Lectora) que usa postales de Oxford y Londres a las que le añadían textos creados por el escritor y cineasta Iain Sinclair. Luego se podían ver utilizando Google Cardboard o simplemente en la pantalla de una tableta.

“Varias agencias ya sean privadas, municipales, empresariales… se han apropiado del espacio ‘público’. Los nuevos textos de Iain usan esta misma filosofía. Tienen humor para denunciar la manera en la que estas agencias manipulan el lenguaje, prometen ‘acceso’ a varios espacios pero luego siempre regulan a su favor”, explicó White.

Máquina lectora

La nueva máquina de lectura no enviaría cientos de miles de palabras a los ojos en un instante pero White dice que el interés de Brown era la tecnología relacionada con la lectura como instrumento revolucionario, que podría transformar la relación entre los textos y los lectores y los espacios habitados por ambos. “Me llamó la atención este lema que se parece mucho a la filosofía de Brown: ‘El futuro del futuro está en el pasado’. Iain tiene un enorme respeto a la palabra impresa y a su relación con el entorno”, confesó White.

Eric White y su equipo no son los primeros en ver la capacidad subversiva de la RA. AUJIK, un artista afincado en Japón, ha estudiado la idea del grafiti virtual y cómo permite a los artistas “hackear” la apariencia de un edificio. La RA puede ser una herramienta para el comentario crítico pero tiene el riesgo de que compañías privadas la usen para apoderarse del espacio público.

Minecraft Banksy

“Se está usando la RA de una manera que habría molestado a Brown. Él quedó muy desencantado de los procesos comerciales por ello puso toda su energía en desarrollar la Máquina Lectora como herramienta revolucionaria. Una máquina que podría proporcionar a los trabajadores un acceso barato a todo tipo de bibliotecas. Nosotros estamos recogiendo un poco sus ideas, intentamos usar la RA para reconectarnos con nuestro ambiente, para hacerlo más accesible”.

El futuro de la lectura

Al igual que en la época de Brown, en estos momentos las tecnologías están en un cruce de caminos. Se ha exagerado la muerte del libro físico, pero los móviles, podcasts y videojuegos han abierto la posibilidad de pensar de manera diferente sobre la literatura. Los libros son algo sólido pero los textos son fluidos, resbaladizos. Cada vez más si tenemos en cuenta las vidas nómadas que ahora tienen las palabras saltando de la nube a los móviles.

Máquina lectora

La máquina lectora es un ejemplo de cómo artistas y escritores pueden usar nuevas herramientas a la hora de crear literatura. La lectura se tiene en cuenta no sólo como una actividad relacionada con el tiempo sino también con el espacio. Un concepto que se ha ampliado con las redes sociales y la geolocalización, y que podría crecer aún más con la realidad aumentada.

“¿Por qué deben los militares, los videojuegos y la industria dominar las aplicaciones y los estándares de la RA? ¿Dónde están los artistas creativos y los intelectuales en este urgente debate? Necesitamos que esta gente tome cartas ya en el asunto. El grupo AGAST se formó en parte para dar respuesta a esta necesidad. Hay que volver a darle forma a la relación entre el texto, los datos y el ambiente, porque los sectores que ya he mencionado lo están haciendo por nosotros. ¿Vamos a conformarnos con la situación actual?”, comentó White.

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