Los fans de los videojuegos violentos no son menos compasivos

El debate sobre la influencia de los videojuegos violentos acaba de dar otro giro (violento) pues un nuevo estudio sugiere que no hay relación entre ser un empedernido usuario de estos “games” y perder capacidad de empatía y compasión.

El estudio ha sido dirigido por el Dr. Gregor Szycik de la Escuela Médica de Hanover (Alemania). Para realizar este proyecto se comparó las respuestas neuronales entre jugadores y no jugadores. No se encontró ninguna evidencia que probara que un larga exposición a videojuegos violentos tiene un efecto negativo en la capacidad de sentir compasión, solidaridad, o empatía.

 

Este estudio se ha concentrado en la respuesta emocional de aquellos jugadores acérrimos a los “games” más violentos. Algunos investigadores habían dicho que hay una relación entre esto y un comportamiento agresivo, algo que ha sido apoyado por varias investigaciones, pero por lo visto estos efectos son a muy corto plazo.

Szyciky y su equipo, en cambio, se concentraron en los efectos a largo plazo, sobre todo si ello suponía una disminución en la capacidad de sentir empatía y compasión. Se eligió a 15 jugadores, cada uno de los cuales se entretenía matando a tiros (en juegos como Counter Strike y Call of Duty). Los seleccionados llevaban al menos cuatro años enganchados y pasaban dos horas diarias dale que te pego inmersos en su carnicería digital, matando por aquí y por allí como si no hubiese mañana. Para evitar los efectos a corto plazo, los sujetos no podían jugar durante al menos tres horas antes del experimento. De acuerdo con el estudio todos los sujetos del experimento eran hombres porque “el uso de los videojuegos y el comportamiento violento es más común en los hombres”.

 

Situaciones “emocionales negativas”

A los participantes en el experimento se les mostraba unas imágenes diseñadas para provocar una respuesta emocional y al mismo tiempo se les hacía unas preguntas. Todo ello quedaba grabado en una máquina de imagen de resonancia magnética. Las fotos mostraban reproduciones “emocionales negativas” y otras neutras. Por ejemplo, un hombre ahogando a otro, un hombre hablando por teléfono, dos hombres llevando un armario y una mujer prendiéndose fuego a sí misma.

Se les preguntó a los sujetos cómo se sentirían en esas situaciones, con el escáner de imagen de resonancia magnética midiendo la respuesta neuronal en diferentes áreas del cerebro. Los investigadores esperaban que los jugadores más ávidos mostraran menos empatía, pero el resultado no arrojó ninguna diferencia entre los dos grupos.

“En nuestra hipótesis inicial esperábamos una actividad reducida de la empatía en las zonas del cerebro de los grandes jugadores, pero el escáner no lo mostró. De hecho la respuesta de ambos grupos fue muy similar”.

Este estudio ofrece información que va en contra de la hipótesis que dice que los juegos violentos insensibilizan a los jugadores. A pesar de esto los investigadores han encontrado también algunas limitaciones en este estudio. El número de sujetos observados fue relativamente pequeño y ninguno de los dos grupos fue controlado para que no tuviese acceso a otros medios que también son violentos.

Los jugadores mostraron “notas altas en la escala de la personalidad clínica antisocial” pero ello no quedó reflejado en las puntuaciones de su capacidad de empatía. “En este sentido (los videojuegos violentos) puede que simplemente sean otro síntoma y no la causa de los problemas en este grupo”.

Todavía no hay una conclusión clara en toda esta polémica pero tampoco es evidente que el estar enganchado a videojuegos violentos suponga una merma de la empatía. Un argumento que es casi tan viejo como los videojuegos. Quizá la pregunta no debería ser si los juegos deben ser más o menos violentos, sino cómo pueden manejar la violencia con mayor sentido. Las situaciones “emocionales negativas” han estado con nosotros mucho antes de la llegada de los sistemas de entretenimiento electrónicos (no hace falta retrotraerse hasta el incesto y parricidio de Edipo rey). Quizá más que una cuestión de reducir la violencia es darle algún tipo de sentido ya sea trágico, inquietante o de cualquier otro tipo.
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