Redes sociales: ¿Paraíso o infierno?

Te voy a proponer un experimento, pasar un día entero, 24 horas, 1.440 minutos, sin mirar nada que tenga que ver con redes sociales: Facebook, Twitter, Instagram (que cada vez “pega” más fuerte), WhatsApp, LinkedIn, YouTube, blogs, chats, etc. Si eres adicto a las redes sociales será algo parecido a estar un día sin fumar si “le pegas al cáncer”. Al escribir estas líneas me he puesto a pensar si soy o no un adicto a las redes sociales… Pues yo diría que sí y no. Sí porque soy adicto a Twitter y no porque no tengo perfil en Facebook. Recuerdo que durante una cena con mi mujer en uno de nuestros restaurantes favoritos una vez me dejó con el primer plato y desapareció como protesta por mi insistencia en consultar el móvil… Por fortuna nuestra relación lo pudo superar…

Mis hermanos y yo tenemos un grupito en WhatsApp con el que nos lo pasamos muy bien y creo que todos pueden contar una experiencia parecida. Alguna vez incluso he mandado el WhatsApp erróneo a la persona equivocada, lo que no es muy divertido que digamos. El imaginario popular está lleno de parejas rotas después de haber visto algún mensaje comprometedor en el móvil de alguien que (como habría dicho mi santa madre) haya demostrado ser “ligero/a de cascos”.

El enorme poder de las redes sociales

Facebook

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Redes sociales: ¿Paraíso o infierno?

 

No sé si se trata de otra leyenda urbana pero algunos analistas aseguran que (pese a que todas las compañías de encuestas fallaron en la predicción del resultado de las elecciones estadounidenses) Facebook sabía con una gran precisión cómo iba a ser el resultado. En las encuestas siempre hay lo que se llama el “voto oculto” (por ejemplo personas que no querían hacer pública su disposición a votar por Trump). En Facebook, en cambio, hablamos con nuestros “amigos” y no hay tanta necesidad de esconder nuestras predilecciones, tampoco las políticas. Teniendo en cuenta esta premisa, la compañía de Mark Zuckeberg sabía mejor que nadie que pese a que Hilary Clinton iba a ganar el voto popular, Donald Trump se convertiría en el presidente número 45 de Estados Unidos.

Hablar del poder de Facebook no es descubrir el Mediterráneo. Un montón de parejas han comenzado a través de una inocente relación por Facebook. Si antes los adultos se conocían en el ámbito laboral, ahora la posibilidad de hacer nuevos amigos en la red social es enorme.

Todo la información que dejamos en las redes sociales se va convirtiendo en nuestro rastro digital que incluso podría llegar a ser utilizado en nuestra contra como prueba durante un juicio. No suele ser una buena idea utilizar las redes sociales como un simple acto reflejo en el que respondemos a algún hecho o persona de forma visceral, sin habernos parado a pensar un poco. Las redes sociales son eso, enormes infraestructuras que comunican a los seres humanos, así que cuando alguien se equivoca habrá quienes no tengan ninguna piedad para destrozar al autor de un comentario desafortunado. Escribir en Facebook algo tan inocente como: “Nos vamos de vacaciones” podría dejar la puerta abierta para que ladrones desvalijen nuestra vivienda.

YouTube

YouTube

Tengo que hacer otra confesión, también soy adicto a YouTube, parafraseando al torero Rafael “El Gallo” se podría decir que en la actualidad hay vídeos “pa tó”. Cuando hago un poco de ejercicio con la bici estática en mi hogar aprovecho para ver vídeos en YouTube y el tiempo se me pasa volando. Cuando disfruto con algo que ha colgado un simple mortal me entra el gusanillo de tirarme también a la piscina y abrir mi canal de YouTube. Estoy suscrito a unos cuantos canales, algunos de los cuales son de completos aficionados que filman en la cocina o en el coche. En YouTube he aprendido bastante, simplemente disfrutando de vídeos hechos por gente que sabe mucho más que yo.

Las redes sociales muestran un poco las virtudes y miserias de los seres humanos por ello pueden estar llenas de buenas y malas intenciones. Algunos las utilizan para ayudar en la medida de lo posible y otros para hacer daño, “ciberacoso” (vaya palabro) y esparcir mierda. Por regla general no suelo hacer mucho caso a aquellos que se escudan en el anonimato y si encima lo hacen para malmeter, entonces no pierdo ni un segundo con estas personas. Me pasa algo similar a cuando hablo con una persona que no es capaz de quitarse las gafas de sol. Me parece que tenemos que comunicarnos mirándonos a los ojos. En este aspecto las redes sociales se pueden convertir en un refugio perfecto para aquellos empeñados en esparcir el odio.

Al igual que casi cualquier nueva invención, las redes sociales pueden ser beneficiosas o perjudiciales, según el uso que se haga de ellas. A mí WhasApp, Twitter y YouTube me han cambiado un poco la vida y diría que para mejor.

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