El roaming europeo se va a acabar en 2017, pero no todo son buenas noticias

Desde hace mucho la intención de la Unión Europea era (lógicamente) eliminar de un plumazo el roaming, es decir, el coste extra que tenemos cuando estamos fuera de nuestro país y seguimos usando nuestro móvil (sobre todo nuestros datos móviles). Es lógico porque no deja de ser una “frontera” muy evidente como cualquiera que viaje un poco ya sabe, incluso al hacerlo en coche o tren nada más cruzar una frontera recibes los avisos correspondientes. Si la Unión Europea quiere ser precisamente eso, una unión, esta barrera tenía que desaparecer.

Pero las compañías telefónicas no lo ven igual de claro, entre otras cosas porque para ellas sí tiene coste que nos conectemos desde otro país, a otra red. La primera medida que se consensuó fue que tuviéramos 90 días libres al año, es decir, que como el promedio europeo de días fuera de nuestro país es de 12 al año, con esos 90 días o casi tres meses se daban por cubiertas las necesidades de la gente que viaja más.

Pero JC Junker, Presidente de la UE, nunca quedó del todo satisfecho con este acuerdo que a fin de cuentas sigue siendo una limitación, por ejemplo para quienes pasan el invierno en países más al sur, y recibió críticas por muchos lados. Tampoco parecía posible que se liberalizara totalmente el mercado, pues de ese modo se darían muchos casos de contratación en países vecinos con mejores condiciones, pero con uso en roaming real, con coste para la compañía de telecomunicaciones.

Y por eso hace poco se ha llegado a un cambio legislativo definitivo que entrará en vigor en junio de 2017, y que liberaliza el mercado y los traslados… pero con condiciones: se introduce el concepto de “vínculo estable”, es decir dónde está nuestra residencia habitual y dónde solemos viajar. Por ejemplo un estudiante de Erasmus estará en su país de origen o en el que estudia, alguien español de una empresa francesa tendrá esos dos países como frecuentes, etcétera.

Fin del roaming: Itineracia como en casa

En esos casos se aplicará lo que se llama “roaming like home” o itinerancia como en casa, es decir, que estaremos fuera de nuestro país de origen (del contrato telefónico) durante una temporada. Se contemplará el uso intensivo fuera del país original frente a uno insignificante en el país de origen, o el uso de varias tarjetas SIM de forma secuencial o alternada.

Y las compañías podrán aplicar recargos en caso de detectar anomalías, previo aviso y con límites: hasta 0,04 euros por minutos de llamada, 0,01 euros por mensaje sms y 0,0085 euros por MB.

Desde hace algunos meses están en vigor precisamente por esa búsqueda de la libertad de movimientos límites a las tarifas del roaming (a la espera de que llegara esa liberalización), pero la “trampa” que puede esconder esta nueva norma es que la UE solo fija límites a los recargos, no a las tarifas de base, que decidirá cada operadora de cada país.

Y ahí es donde las asociaciones de usuarios han mostrado su inquietud, porque en un país como España que recibe muchos turistas, las telefónicas no podrán repercutir más que una pequeña parte del coste extra de las llamadas y datos que realicen los extranjeros en nuestro suelo.

¿Quién pagará la diferencia? Pues todos y cada uno del resto de usuarios nacionales, ése es el temor, de forma que final resultará que aparentemente no pagaremos roaming aunque en el fondo lo estaremos pagando cada día… subvencionaremos que las compañías vendan datos a extranjeros por debajo del coste. La Comisión Nacional de Mercado y Competencia ya ha calculado un incremento en ese coste cercano al 7 por ciento.

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