¿Trabajaremos los humanos en 2050?

El profesor Richard Susskind tiene malas noticias para la nueva generación: “estamos enseñando a nuestros hijos a ser buenos en cosas en las que las máquinas ya son buenas”, afirmó durante una charla con Emma Barnett en el FutureFest de 2016. En el último libro de Susskind, que ha publicado junto a su hijo, explora las posibilidades reales de que muchos futuros expertos pierdan sus trabajos en favor de algún tipo de inteligencia artificial. Confía tanto en que eso será así, que afirma que miles de estudiantes están perdiendo el tiempo terminando unas carreras que les llevarán a un callejón sin salida… y no se dan cuenta de ello. La gran pregunta que nos hacemos todos es: ¿Trabajaremos los humanos en 2050?

Quizás estés pensando que te damos otra teoría apocalíptica más acerca de robots robando el trabajo a humanos, pero Susskind (que es experto en leyes e Inteligencia Artificial) tiene un histórico de aciertos. “En 1996 recuerdo que escribí un libro en el que subrayé la importancia del correo electrónico y cómo sería el medio de comunicación entre abogados, sé que suena evidente y ridículo ahora, pero no lo fue entonces. De hecho la Sociedad de Abogados de Inglaterra y Gales afirmó que no deberían permitirme hablar en público y que estaba llevando mala fama a la profesión”.

No es sorprendente, pues, que 20 años después todavía quede gente que se tapa los oídos cuando le ve. “Es difícil convencer al grupo de millonarios que llenan una habitación, de que tienen un modelo de negocio equivocado”, dice Susskind.

¿Trabajaremos los humanos en 2050?

En el libro de Susskind, él y su hijo exploran dos posibles futuros: uno en el que las máquinas mejoran nuestras profesiones actuales (por ejemplo un médico usando un Skype avanzado para conectar con un paciente en su casa y ver cómo está), y otro en el que la profesión es directamente reemplazada (en ese ejemplo, el ordenador realizaría el diagnóstico completo). Algunos elementos de esto ya están en marcha. “En un año, ya hay más gente matriculada en cursos online en Harvard de la que nunca ha estado físicamente presente en la Universidad desde su inicio” dice   Susskind, aunque subraya los avances en prácticamente todos los sectores. “Hasta entre el clérigo, hemos descubierto una App llamada ‘Confession’ que tiene herramientas para hacer el seguimiento de pecados y un menú desplegable con posibilidades de arrepentimiento”. Todo esto trae a la cabeza un aforismo del escritor de ciencia ficción William Gibson: “El futuro ya está aquí, pero no se nos ha repartido a todos por igual”.

Tampoco hay que asustarse por todo esto, solo tenemos que adaptarnos a los cambios que parecen inevitables. “Nuestras profesiones se rompen. Si piensas en las dificultades de nuestro sistema de salud pública, del acceso a la justicia, de la educación… Nuestras profesiones no están dando el servicio de calidad que se supone deberían”, dice. “Nosotros afirmamos que en una sociedad basada en la tecnología y con internet, seguro que hay otras formas de solucionar los problemas que históricamente han tenido que resolver los profesionales”. En breve, su futuro regido por la Inteligencia Artificial debería ser algo bien recibido. “Mucha gente está deseando hacer a las profesiones tradicionales lo que Amazon hizo a la venta de libros”, afirma.

¿Trabajaremos los humanos en 2050?

“Lo cierto es que el futuro menos probable es aquél en el que nada vaya a cambiar”, dice Susskind, “aunque parece que ésa es la idea que la mayoría de gente tiene y en lo que basan sus carreras”.

“A los humanos no les gustan los cambios”

Como la Inteligencia Artificial era muy protagonista en FutureFest este año, no fue de extrañar que volví a encontrarme con Susskind en otra conferencia al final del mismo día: esta vez hablaba de cosas parecidas con el futurólogo David Smith. No era un debate en realidad porque estaban de acuerdo en casi todo.

“La cosa empezó a base de automatizar tareas manuales: manejar grúas, excavadoras, camiones… y después hemos automatizado cosas como los trabajos oficiales, así que no tenemos a centenares de personas sentados en sus mesas escribiendo en todo tipo de registros, y así mucha gente habrá perdido su trabajo y se dedicará a otra cosa. Luego automatizaremos los trabajos de dirección, la toma de decisiones, algo que está en los sistemas que hay trabajando de fondo. Y entonces llega el turno a las profesiones, y ahí empieza lo incómodo: aquello que muchos han estudiado durante años, nunca ha tenido que pasar por este tipo de cambios tan radicales.

“A los humanos no les gustan los cambios. Las grandes empresas tampoco quieren cambios. A quien sí le gustan los cambios es a empresas pequeñas o start-ups, que buscan derrotar a las grandes empresas”, afirma Smith, para quien son el símbolo del cambio, los que rompen. A veces la “rotura” puede ser demasiado brusca para nuestras “frágiles instituciones” (tal como lo dice Susskind): “la ley siempre va por detrás de la tecnología con un retraso de cinco a siete años”, afirma.

Como para demostrar los argumentos de Smith acerca de los humanos y el cambio, uno de los asistentes preguntó, subrayando con ello la incomodidad de la situación incluso para personas que han pagado para una jornada dedicada a hablar del futuro: “me parece un debate extraño éste, es como decir ‘mirad qué bonito meteorito viene hacia la tierra’… ¿Por qué el gobierno no hace nada para prever, o suavizar, estas cosas si se ven venir?”

Susskind, hasta ese momento siempre con media botella de optimismo, no tenía un argumento para eso. “No tengo nada para consolarle… A mí me parece sencillamente que no hemos conseguido que la gente despierte, a alto nivel quiero decir, en la industria, el gobierno, en las decisiones políticas de alto nivel. Esta gente siempre está pensando en lo que va a suceder a corto plazo, en resolver los problemas de hoy, aunque la tecnología está ahí y deja claro por dónde va a evolucionar el futuro”.

“Puedes elegir: decir ‘voy a competir con las máquinas’, o puedes decir ‘voy a fabricar máquinas’ y seguir ese camino”.

Hay algunos signos de que esto se empieza a tomar en serio, pero como siempre en este tipo de cosas, todo va demasiado lento. El anterior líder conservador británico William Hague escribió acerca de todo esto en The Telegraph hace dos meses, y también se habló de ello durante una conferencia del partido Laborista en Liverpool este año. “La tecnología puede ser nuestra sirviente o convertirse en nuestra dueña, y creo que nos interesa más que sea nuestra sirviente” dijo Jon Trickett, secretario de estado para el negocio, innovación y cualidades, a The New Statesman.

A mí me parece un poco inocente. Es lo que suele escuchar Susskind, pero él no está convencido de que el progreso necesite ningún freno, incluso aunque como sociedad decidamos que es necesario frenarlo. “Hay dos estrategias frente a esto: puedes decir ‘voy a competir con las máquinas’ o puedes decidir que vas a fabricar máquinas. En el fondo solo hay estas dos opciones”.

¿Trabajaremos los humanos en 2050? Ya has escuchado esto antes

Por supuesto es bastante fácil caer en la tentación de exagerar estas cosas. Como señala otro ponente del FutureFest, Jared Robert Keller (especialista en la historia de la automatización en el mercado laboral), estos miedos han formado parte del debate desde hace un siglo. El 11 de diciembre de 1927 el New York Times llevaba el gran titular: “MÁQUINAS, MÁQUINAS! LAS LÁGRIMAS DEL FUTURO. El mundo se pregunta si el hombre acabará siendo esclavo de los instrumentos que él mismo creó para liberarle de sus penas”. En la Exposición Universal de Chicago de 1933 había un eslogan que rezaba “La Ciencia encuentra, la Industria aplica, y el hombre se conforma”.

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