BMW i8: la potencia híbrida redefine al superdeportivo

Cuando piensas en coche híbrido te vienen a la cabeza dos cosas. Por un lado, eficientes coches amables con el medio ambiente. En contraste, también hay superdeportivos que usan gasolina y electricidad para ir lo más rápido posible. En 2017, el segundo grupo incluye coches como el Honda NSX, el McLaren P1 o el Porsche 918. Pero la idea de hacer un superdeportivo híbrido no fue de ninguna de esas marcas: se la debemos a BMW y su BMW i8.

Diseñado para romper la imagen aburrida creada por el Toyota Prius, el proyecto i8 estaba destinado a cambiar nuestra percepción de los coches híbridos y todavía es una referencia.

BMW i8

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BMW i8

 

¿Pero cómo es de bueno el i8? Es un ejercicio técnico, una obra de diseño, ¿o de verdad es un superdeportivo con el mismo aroma y emoción que un Ferrari o un Porsche? Para averiguarlo probamos un BMW i8 versión 2017 durante dos semanas.

Prueba del BMW i8: Diseño

Incluso aunque no te gusten los coches, hay algunos que se te quedan grabados en la memoria y el corazón. Superdeportivos de hace tres décadas como el Ferrari Testarrossa, el Porsche 959 o el Lamborghini Countach, son icónicos para mí. Y el BMW i8 debe estar en esa lista. En “dos” palabras, es im-presionante…

Su morro estilo tiburón, sus grandes entradas de ventilación, su parabrisas inclinadísimo, su perfil extraído de la mesa de dibujo de su diseñador… el i8 parece un prototipo, un coche de salón o de película, hecho realidad. La parte trasera del coche es increíblemente futurista, con sus luces de nave espacial. Combinado con las enormes llantas de 20 pulgadas y los colores blanco y azul, desde luego no pasas desapercibido.

BMW i8

Aparcado al lado de coches normales, el BMW i8 parece como si llegara del futuro. Algo que choca más si recuerdas de cuándo es su diseño: se desveló en 2009.

Pero además de espectacular, es complejo y está lleno de detalles. Cada vez que lo miras de cerca descubres algo nuevo. Desde la fibra de carbono en torno a las juntas de las puertas, a los canales aerodinámicos que recorren la carrocería y llegan a las luces traseras. Todos los ajustes y remates. Y, por supuesto, sus puertas que se abren como unas alas: hacia arriba.

Sí, desde luego es un supercoche, un superdeportivo, con todas las de la ley.

Prueba del BMW i8: interior

Por fuera el BMW i8 puede parecer una nave de Blade Runner, pero cuando abres (levantas) las puertas para entrar las cosas se vuelven un poco, digamos, aburridas. Por fuera es una pasada de coche, pero dentro hay demasiados componentes que nos recuerdan otros BMW. Interruptores, mandos… muchas cosas están tomadas de otros modelos, mejor dicho del cajón de componentes comunes BMW. Por lo menos, de noche, el interior se baña de un halo de luz azul que sí nos hace pensar que viajamos en una nave espacial.

BMW i8

 

El sistema de información a bordo del BMW i8 también nos recuerda que tiene sus años. En un Serie 5 de 2017 encuentras un sistema más moderno, y en comparación la pantalla del i8 parece antigua y se maneja con más dificultad. No hay pantalla táctil, para empezar, y aunque el i8 permite manejarse bastante bien con su ratón iDrive, a veces moverse entre menús es confuso.

El navegador sufre del mismo síntoma de vejez prematura. No es tan rápido como en los BMW (o Audi, o Mercedes) más recientes, aunque funciona bastante bien. Mi mayor problema fue cuando decidió enviarme a través del centro de Londres en hora punta, después de tres horas de autopista. Yo creí que era mejor tirar por la circunvalación pero el i8 decidió que me venía mejor un paseo por Oxford Circus, Trafalgar Square y Piccadilly Circus. Quizás el coche quiere lucirse y toma esas decisiones por vanidad… pero yo hubiera preferido dar más vuelta y pasar menos atasco.

Como el i8 es un vehículo híbrido, también tiene una llave que es tremendamente complicada. Te permite comprobar, a distancia, cualquier cosa que se te ocurra, desde la autonomía al cierre de las puertas. Tiene una pequeña pantalla LCD y por eso necesita que lo cargues de vez en cuando. La verdad es que nunca aproveché esas prestaciones (menos para comprobar qué eran) y sí fue molesto recordar cargar la llave para poder usar el coche. Hubiera preferido una aplicación de móvil para cuando quisiera comprobar algo del coche, y una llave más normal.

Prueba del BMW i8: ¿cómo funciona?

El BMW i8 no solo es famoso por su aspecto, también lo es por su forma de propulsión. Es un híbrido “plug-in”, es decir que usa tanto gasolina como energía eléctrica, y las baterías se pueden (deben) cargar en un enchufe.

BMW i8

Para ser un superdeportivo, el BMW i8 tiene un motor algo decepcionante a priori. Sí, tiene turbo y está montado en posición central, pero sus 1.500 cc de cilindrada, tres cilindros y 220 CV para las ruedas traseras… suenan a poca cosa. Y no es nada especial, la verdad, es el motor que hoy en día encuentras en un coche compacto rápido, incluso menos que un GTI. Desde luego no en un superdeportivo.

Pero es un híbrido, así que ésa es la mitad de la historia. Justo tras el tren delantero ha encajado BMW en el i8 un motor eléctrico de 96 kW (es decir 129 CV). Propulsado por una batería de Litio de 7,1kWh situada en medio del coche, el motor eléctrico mueve las ruedas delanteras y normalmente funciona a la vez que el de gasolina con su propulsión trasera.

Si presionas el botón EV usarás solamente energía eléctrica, pero no te llevará muy lejos: apenas 30 kilómetros. Comparado con los más de 200 km de los eléctricos compactos como el Nissan Leaf o el Renault Zoe, es poco. También frente a los más de 600 km de autonomía del mismo i8 en modo gasolina.

BMW i8

 

Lo interesante aquí es la relación entre las dos tecnologías. El BMW i8 siempre está trabajando por detrás tuyo, gestionando qué motor usar en cada momento y de qué forma. Será muy eficiente en ciudad en un atasco o paseando tranquilamente, y será muy eficaz en carretera conduciendo de forma más agresiva. Si no te gusta que decida por ti, puedes ponerlo en modo Sport para tener siempre disponibles los 220 CV del motor de gasolina.

Pero hay más. Cuando cortas gas, el motor eléctrico pasa a ser un generador que carga la batería del BMW i8, algo que a veces ocurre manteniendo cruceros moderados. Cuando frenas, es sobre todo el motor eléctrico el que convierte energía cinética en eléctrica recuperando electricidad para la batería. Puedes cargarla en un enchufe, claro, pero realmente no merece mucho la pena. Una carga rápida de 30 minutos aumenta un 25 por ciento el nivel de carga. Es más fácil poner el coche en modo Sport y que el motor de gasolina esté cargando en marcha la batería gracias al eléctrico.

Prueba del BMW i8: conducción

Cuando un coche se hace tan famoso por su tecnología es fácil olvidarse que todo eso tenía un fin: emocionarte al volante. Hay ríos de tinta escritos acerca de cómo va este coche en internet. Antes de probarlo, yo me temía que no sería tan excitante como otros superdeportivos. Por suerte, estaba muy equivocado.

BMW i8

Tan pronto como entras en el coche, bajas la puerta y lo arrancas, todos esos detalles acerca de la recuperación de energía y la tecnología híbrida pasan a un segundo plano. En ese momento aprecias que estás a los mandos de un pura sangre. El BMW i8 puede acelerar de cero a 100 km/h en solo 4,4 segundos, como una moto deportiva. Alcanza 250 km/h y, gracias a combinar la potencia del motor de gasolina con la del eléctrico, acelera como una exhalación. No es solo por potencia (y peso contenido), es que las cuatro ruedas son motrices: eléctricas delante, de gasolina detrás. La forma en que el i8 sale disparado cuando aceleras es sencillamente brutal.

Pero no solo corre en línea recta. El comportamiento es excelente. Cuando estás en modo Sport y con las dos fuentes de energía conectadas, los asientos deportivos te sujetan como un guante y la dirección es precisa y rápida. El coche hace lo que le mandas.

BMW i8

 

La agilidad del BMW i8 y su rapidez te hacen sentir pegado al asfalto, conectado como si fueras en un kart. Y su tablero con luces e indicadores energéticos varios te hacen sentir a los mandos de un caza.

Sí, parte del sonido del motor es artificial, pero hay bastantes ruidos como para que pilotar el i8 sea algo especial. Escucha el motor eléctrico silbando cuando estás entre curvas, lo escuchas más ronco cuando frenas, y ves la energía volviendo a la batería de la que momentos antes estaba saliendo. Eres consciente de cómo funcionan los sistemas de regeneración de corriente cuando sueltas gas, reteniendo ligeramente el i8, y puedes ver el aire caliente que sale del capó cuando el motor eléctrico trabaja.

En autopista el BMW i8 se transforma y todo sucede de forma fluida y cómoda. Viajé con él un poco y bastaba poner el control de crucero, y elegir el modo de ahorro Eco Pro, para que el BMW decidiera cómo usar la mejor energía en cada momento. Si necesitaba adelantar tenía toda la potencia en mi pie derecho, pero por lo demás viajé como con cualquier otro coche. Más bajo, más cerca del asfalto, y atrayendo más miradas, eso sí.

Prueba del BMW i8: Veredicto

Dicen que BMW pierde dinero por cada i8 que vende, y la verdad es que después de probarlo puedo creerme esos rumores. No veo cómo es posible que un coche tan complicado, que debió costar tanto desarrollar, pueda valer “solo” 120.000 euros cuando se venden tan pocos. ¿Por qué lo siguen vendiendo? Además no es muy práctico. El depósito de gasolina del BMW i8 es pequeño, el maletero ridículo, y la parte eléctrica al final no la usas para no gastar (cargando cada noche).

BMW i8

Pero a pesar de todo, el BMW i8 tiene mucho sentido. Es un argumento tremendo a favor de la tecnología híbrida y cumple la misión de BMW: demostrar que puede ser muy excitante. Que vale para aquellos a quien “gusta conducir”, usando el popular eslogan de la marca.

Podrías esperar que un coche como éste no tuviera alma. Pero la mezcla de sonidos eléctricos con el escape, hacen sentir al BMW i8 “vivo”. Me parece más emocionante y más conectado al piloto que otros superdeportivos. Y si combinas esa tecnología con el diseño exterior “espacial” y su comportamiento intachable, el resultado es uno de los coches más únicos que puedas ver por la calle.

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