Tu portátil es un desastre ergonómico, pero lo puedes arreglar

Si los ordenadores portátiles fueran una enfermedad, la Organización Mundial de la Salud los hubiera declarado una epidemia, porque tu portátil es un desastre ergonómico. Ahora mismo es más probable que sobre la mesa de tu oficina tengas un portátil a que tengas un ordenador tradicional de sobremesa y no hay vez que no entres a una cafetería o tren de cercanías que no veas a alguien con un portátil.

Lo que no es tan visible, sin embargo, es el daño que esos portátiles causan a tus músculos y huesos. Han sido tan liberadores para nosotros (desencadenándonos de los escritorios y permitiéndonos jugar al Candy Crush desde el sofá) como dañinos para nuestra ergonomía.

Podrías pensar que yo no podría sacar tu portátil de tus frías y dormidas manos, pero me gustaría garantizar que tus manos muertas y dormidas no sufren una dolencia crónica. Por suerte, cambiando solo unos pocos hábitos y comprando algunos accesorios -o simplemente improvisando una solución con algunos deshechos de la oficina o casa- puede marcar la diferencia.

Aquí tienes, pues, la guía de Alphr para conseguir que tu portátil ame a tu cuerpo tanto como tú amas a tu portátil.

Nociones básicas de ergonomía

Probablemente ya las conoces, pero no está mal que hagamos un repaso. Lo ideal es que sentado en tu escritorio tus rodillas formen un ángulo de 90 grados, de forma que tus pies no queden por debajo de tu silla, sino a la altura de tus rodillas y apoyados en plano o sobre un elevador; tus codos deberían formar también un ángulo de 90 grado, ni elevados ni rebajados para alcanzar el teclado, que podrían forzar tus hombros; tu trasero bien apoyado en el asiento para tener las caderas bien apoyadas y tu espalda recta y apoyada.

Evita usar tu “laptop” en tu “lap”

“Laptop”, como coloquialmente se llama a los ordenadores portátiles en los países anglosajones, viene precisamente de “lap” (regazo, rodillas). Pues bien, no deberías usar tu portátil sobre tus piernas, sino sobre un escritorio. No hay ningún peligro en que de vez en cuando contestes unos mails desde tu portátil en la sala de embarque de un aeropuerto, o en que pongas tus redes sociales al día desde el sofá de un Starbucks. Lo que sí es una mala idea es que eso se convierta en un hábito.

El problema no es solo que se calienta, lo que puede ser perjudicial para tu esperma, sino que estás forzando muchísimo tu cuello inclinándolo hacia abajo para mirar la pantalla. Eso sin contar que seguramente estás incumpliendo todos los principios básicos de ergonomía.

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