Las bombillas LED no tienen rival, ¿por qué?

Es sorprendente la velocidad a la que cambian las cosas en lo que a tecnología doméstica se refiere: cada vez hacen falta menos años para que se adopte una nueva tecnología. Las bombillas tradicionales, desde que Edison las inventara, nos acompañaron con sus delicados filamentos incandescentes y sus no menos delicadas burbujas de cristal durante más de 100 años. Este tipo de bombillas siguen instaladas en muchas casas, en un momento en el que las bombillas LED suponen una segunda revolución de la iluminación, tras la de las de bajo consumo.

De la bombilla al LED, pasando por el bajo consumo

En los años noventa llegaron las luces de bajo consumo: un tubo fluorescente compacto, del tamaño de una bombilla y capaz de reemplazar a ésta en casi cualquier lámpara. No sólo disminuyeron el consumo eléctrico notablemente de los 40, 60 o 100 Watios habituales en las bombillas, a una cuarta parte de esas cifras aproximadamente (desde 10 a 25W), sino que ampliaron notablemente su vida útil en un factor de hasta diez veces (de las 1.000 horas a 10.000). Esta longevidad ha tenido algo incluso mejor acogida que el bajo consumo, al evitarnos tener que reemplazarlas, y permitiendo además así amortizar su mayor coste unitario.

En su contra, las “bombillas de bajo consumo” que nos han acompañado las últimas dos o tres décadas (y siguen) además de su mayor coste, son contaminantes (hay materiales muy tóxicos en el interior de los tubos), no tienen un encendido tan instantáneo y la gama cromática que ofrecen es en ocasiones poco agradable (fría), además de tener ciertas limitaciones en cuanto a potencia lumínica.

 

Las bombillas LED aprovechan toda la energía

Bombillas LED

Pero ya ha llegado su reemplazo: las bombillas LED. Mientras las bombillas iluminaban calentando un filamento metálico (creando mucho calor y relativamente poca luz) y las fluorescentes lo hacían con descargas eléctricas en un medio gaseoso particular, los LED son semiconductores con un rendimiento altísimo: un 95 por ciento de la energía que consumen se convierte en luz, cuando en los fluorescentes es justo al contrario (sólo un 5% en luz, el resto en calor o ruido). Esto además permite usar elementos de todavía menor consumo para igual iluminación, en torno a la tercera parte: una bombilla LED de 5W ilumina como una de “bajo consumo” (fluorescente) de 15W, que a su vez ilumina como una bombilla tradicional de 60W. Sí, hemos bajado de 60 a 5 Watios… ¡menos de la décima parte!

Los LED tienen una duración casi ilimitada

Además las bombillas LED tienen una duración prácticamente ilimitada, se estima en torno a 50.000 horas (cinco veces más que las de bajo consumo). Realmente su vida está limitada no por los LED en sí, sino por el circuito necesario para alimentarlos: su única pega es que funcionan con voltajes muy bajos, y por lo tanto es necesario reducir los 230V domésticos hasta su voltaje de trabajo.

La calidad de la fuente de alimentación es vital

Bombillas LED: fuente de alimentación

Y ése es un único inconveniente de cierta importancia: lo que distingue las buenas LED de las malas no son normalmente los LED, sino la calidad del circuito reductor de voltaje, o “fuente de alimentación” interno. Si ya tienes alguna experiencia con LED en casa, habrás visto que vienen en casquillos de aluminio con aletas, y que efectivamente se calientan en uso: si una bombilla consume 5W y solo convierte un 5% de la energía en calor… ¿por qué se calientan tanto? Pues porque ese 95% de rendimiento es del LED en sí, y la alimentación interna de la bombilla puede estar bien lejos de estas cifras, incluso en torno al 50%: de esos 5 o 6W, la alimentación convierte 2 o 3 W en calor (que es necesario disipar, de ahí las aletas de aluminio) y el resto va a los LED, que sí lo convierten en luz casi sin pérdidas.

 

Las bombillas LED, siempre de marcas conocidas

Es más, tras unos pocos años en uso ya hemos visto bastantes bombillas LED fallando, muy lejos de esas 50.000 horas, desde luego, e incluso por debajo de las 10.000 de sus antecesoras. Una vez hecha la correspondiente autopsia, siempre lo mismo: los LED están perfectamente, lo que ha fallado es la alimentación (mal diseño o componentes demasiado baratos). Nuestro consejo pues es, sí, reemplazar (a medida que se fundan o a gusto de cada uno) las bombillas de casa por LED, pero elegirlas de marcas conocidas porque de otra forma tendremos que recordar aquél refrán de que “lo barato sale caro”.

Su fabricación ya está prohibida, pero el récord absoluto de longevidad lo tiene una bombilla tradicional instalada y encendida en el parque de bomberos de Livermore (California, EE.UU) desde 1901, lo que significa que tiene casi un millón de horas de duración.

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