El futuro del libro electrónico: No hay señales de la anunciada muerte del papel

Vivimos en la época de las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación). Escribo esto en un portátil mientras estoy conectado a internet. Busco en Google la información que necesito mientras mi mujer (es domingo) ve una película en nuestra TV alimentada por fibra óptica. El filme es en versión original inglesa con subtítulos en español. En mi mesa tengo un smartwatch, que al igual que el móvil, hay que cargar cada día. A su lado hay otro reloj que se alimenta por energía solar y se mantiene en hora debido a que recibe la señal de una radiobaliza que hay en Alemania. El ratón que uso es inalámbrico y gracias a la tecnología bluetooth me puedo librar un poco de la ensalada de cables que nos rodea. Podría seguir pero creo que ya está bien, ¿verdad? La tecnología es una ola (más bien un tsunami) que lo invade todo. El libro, uno de los inventos más preciados de la humanidad, tampoco ha quedado fuera de la influencia de las TIC. Empecemos por el principio, un libro electrónico es aquel que se puede leer en un lector de libros digital (tipo Kindle), en una tableta, móvil, ordenador o algún otro cacharro similar.

Lectura en móvil

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Libro electrónico

Si no retraemos a las tablillas de la época de Mesopotamia, el libro (o sus antecesores) lleva más de 5.000 años con nosotros. Ahora con la llegada del libro electrónico muchos daban por muerto el soporte de papel. Lo que para los árboles quizá no fuese una mala noticia aunque los puristas se tirasen de los pelos por la desaparición del legado de Gutenberg.

 

Tengo entendido que mi admirado Javier Marías sigue escribiendo a máquina y ya en 2013 publicó un artículo titulado: “Las bandas de la banda ancha” en el que denunciaba la piratería que había en torno al libro electrónico o como el autor dijo: “Kindle, e-book, o como finalmente lo llamen)”.

Marshall McLuhan, además de su famosa frase: “el medio es el mensaje”, dijo que “todos los libros del mundo caben en un escritorio”. Ahora, con internet y el libro digital, esta utopía se ha hecho realidad o casi.

A diferencia de leer en la pantalla del ordenador, al hacerlo en el Kindle (o en cualquier lector de libros digital) podemos abrazar éste como si fuese un libro de papel, meterlo en el bolsillo de la chaqueta, leerlo en el autobús o en la playa, aunque esta experiencia es incomparable a la que ofrece el papel. En un libro convencional la calidad del papel, si es o no de tapa dura, la tinta… todos estos elementos cobran una gran importancia, tanta que puede llegar a resultar un choque cuando en nuestro periódico o revista habitual deciden cambiar la tipografía. El libro nos da la posibilidad de poder poner nuestro nombre y la fecha de adquisición en una de las primeras páginas (no entiendo los ejemplares donde casi no hay espacio para ello).

Leer es un acto tan intelectual como emocional, el ver cómo van amarilleando las hojas del libro en la playa no tiene precio, pese a que a veces nos tengamos que pelear con el viento. En este aspecto un lector de libros digital es mucho más práctico (siempre que tenga carga) pero transmite muy poca emoción. Llegar a la mitad del libro y ver la grapa central nos hace sentir que estamos en el ecuador del camino, quizá un buen momento para detenernos y reflexionar sobre lo que hemos leído hasta ese momento. Con el libro electrónico simplemente le damos al botón para que muestra la siguiente “página”. El dispositivo no va cambiando a medida que avanzamos en la lectura, a menos que se nos caiga un café encima o cualquier otro accidente doméstico. Leer es una experiencia que va más allá del intelecto y abarca también a los sentidos: vista, tacto, olfato…

Libro electrónico

 

Este artículo de ninguna manera quiere ser un ataque a los libros electrónicos, todo lo contrario. Su existencia ha ayudado a promover y mejorar el hábito de la lectura. Un “ereader” hace posible que tengamos casi una biblioteca en la palma de nuestra mano y que la podamos llevar con nosotros hasta el fin del mundo. Lo único que he querido poner de manifiesto, haciendo un poco de abogado del diablo, son dos ideas: que los libros electrónicos no van a acabar con los físicos (al menos en el futuro próximo) y que la lectura en dispositivos con pantalla retroiluminada tiene algunos inconvenientes para los ojos y el sueño.

Varios estudios han puesto de manifiesto que leer en una pantalla justo antes de irnos a dormir no es lo más saludable (aunque creo que peor es leer un cómic con una linterna que es lo que hacía un servidor con 12 años – mis padres me obligaban a apagar la luz en la habitación que compartía con mis hermanos –). En este aspecto una pantalla de LED retroiluminada (un iPad por ejemplo) es mucho peor que el Kindle que emplea la técnica de “tinta electrónica”, más natural para la vista. Lo que además permite que podamos leer a plena luz del sol, lo que siempre es difícil con una tableta.

Las últimas cifras en todo el mundo indican que la venta de libros electrónicos no sólo no despegan sino que en muchos países están cayendo. Cuando otros medios de consumo digital como la TV de pago y los videojuegos continúan creciendo de manera imparable, el “ebook” ha encontrado algunas piedras en su camino que están sorprendiendo a los expertos. Otro detalle interesante es que la caída de ventas se produce en consumidores de todas las edades, incluso en lectores de menos de 30 años.

Libro electrónico

 

Nos pasamos el día delante de la pantalla, ya sea del ordenador, móvil o TV, quizá por ello el público comienza a necesitar el descanso que supone la vuelta al libro físico de toda la vida. El papel ofrece un escape frente a los dispositivos y a las siempre presentes (y algo asfixiantes) redes sociales. Incluso Amazon decidió en 2015 abrir algunas librerías en EE.UU, lo que no deja de ser curioso viniendo de la compañía que inventó el Kindle. Un poco como el mundo al revés, ¿verdad?

Además, el público está leyendo más en el móvil y en la tableta que en dispositivos como el Kindle, pese a que éste, con su “tinta electrónica” al menos en teoría cansa menos a la vista que la pantalla del smartphone o la tableta.

En los últimos años no sólo han aumentado las ventas de libros de papel sino también de audiolibros. Este medio es perfecto para descansar los ojos de la ubicua pantalla, en cierto modo tiene el encanto de la radio, y nos permite realizar otra actividad mientras escuchamos “Al Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”. Un atasco será menos dramático si tenemos la oportunidad de disfrutar de un audiolibro. El móvil es quizá un dispositivo más apropiado para disfrutar de un audiolibro que para leernos “El Quijote” en la pantalla de cinco pulgadas.

 

Cuando llegó la TV la mayoría de los expertos anunciaron la muerte de la radio y más de medio siglo después estamos esperando que se cumpla la profecía. Algo similar parece que está ocurriendo con el libro físico, hay espacio de sobra para que conviva con el “ebook”. Gutenberg y la imprenta siguen vivitos y coleando. Como diría el genial Samuel Langhorne Clemens (Mark Twain): “La noticia de mi muerte ha sido una exageración”.

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