El legado de Steve Jobs en Apple sigue vivo Ya hace más de 5 años del fallecimiento de Steve Jobs, pero su influencia en Apple perdura en estos 5 aspectos.

Cuando Steve Jobs murió el 5 de octubre de 2011, la industria de la tecnología perdió a uno de sus líderes y principales innovadores. Pero el mayor efecto se notará siempre en Apple y el impacto de Jobs todavía pesa (¡y mucho!) en esa compañía.

Hasta cierto punto esto sería extrapolable a cualquiera que haya fundado una empresa. Lo que hizo a Jobs único, sin embargo, fue el segundo acto de su historia en Apple. Su vuelta a la compañía en 1996, en un principio como “asesor especial”, más tarde como CEO provisional y luego como CEO a tiempo completo, no solo supuso para Steve Jobs “la vuelta a la vieja Apple”, como se ha llegado a decir, sino una transformación total de Apple en una compañía totalmente diferente, con el auténtico espíritu de la startup que él fundó, pero con mucho más potencial.

Así que con motivo del quinto aniversario de la muerte de Steve, pensé que sería bueno reflexionar sobre este último lustro en el que Steve Jobs reconstruyó Apple y como esos cambios se perciben aún hoy.

Steve Jobs cambió el concepto de diseño industrial

Es justo decir que cuando Steve Jobs volvió, el diseño industrial de Apple estaba obsoleto. Y eso que los diseñadores e ingenieros que después participarían en la creación de productos icónicos como el iMac o el iPod estaban todos ahí. Por tanto, ¿qué cambió Steve Job para mejorar las cosas?

La respuesta está en la forma en la que la marca afrontaba el diseño industrial. Como fabricantes, el diseño era el último eslabón en la cadena de creación de un producto: Los ingenieros creaban y luego el diseño se encargaba de darle forma al final. El resultado eran productos mediocres.

Steve Jobs le dio la vuelta completamente, haciendo del equipo de diseño industrial el lugar en el que los productos son concebidos y creados. El diseño industrial también se encarga de la investigación y el desarrollo esenciales, por ejemplo de nuevos materiales, que se pone al servicio de los ingenieros. Esto supone que el diseño industrial inventa y define el producto y tiene la última palabra sobre él.

El grupo es pequeño, pero muy cohesionado. A pesar de que es el corazón de todo lo que hace Apple, hablamos de que el grupo de diseño industrial son a penas 20 personas. Compañías del tamaño de Apple tienen normalmente cientos de diseñadores de producto, en vez de solo unas decenas.

La línea del mínimo producto viable (MVP)

Prácticamente, la primera cosa que hizo Steve Jobs en su retorno como CEO fue recortar dramáticamente las líneas de productos. Introdujo una matriz muy simple, que diferenciaba por un lado entre sobremesa y portátil y, por otro, entre usuario y profesional y solo permitía tener una línea de producto en cada categoría. El confuso caos de submarcas como Performa, Quadra y LC, se quedó en iMac, Power Mac, PowerBook e iBook. Sabías en apenas unos segundos cuál era el mejor producto para ti.

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Aunque Apple ha incrementado su gama de productos, esta simplicidad persiste. La matriz es más grande ahora, pero es todavía bastante fácil escoger que producto Apple es apropiado para ti. Cuando aparece algo de complejidad, como ocurre con la línea de ordenadores portátiles, es porque nacen productos que con el tiempo reemplazarán a los ya existentes. Por ejemplo, el nuevo MacBook es la dirección que Apple quiere seguir en sus ultraportátiles Mac, sin embargo ha mantenido el MacBook Air en el mercado hasta que ha podido bajar el precio del MacBook.

Ser propietario de todo

Desde que Michael Dell first empezó a construir PCs en la habitación de su colega y a venderlos por internet, muchos productos tecnológicos han minimizado el número de componentes personalizados y han optado por los productos estandarizados. Este ha sido uno de los mantras de la era PC: los recambios universales eran el camino a seguir.

Steve Jobs, sin embargo, siempre había defendido otras ideas. Él se dio cuenta de que aunque podías comenzar productos aprovechando partes ya existente, tal y como Apple hizo durante mucho tiempo con el iPod, a largo plazo si querías ser diferente tenías que se propietario de todo el paquete: software, hadware y los componentes más importantes también.

El mejor ejemplo fue la compra en 2008 de PA Semi, una compañía de chips especializada en una versión del procesador del PowePC más eficiente en términos de consumo de energía. A pesar de ello, Apple no quería ese chip, sino la ingeniería y el diseño que más tarde les permitiría crear su propio procesador los iPhone e incluso iPad

La seria A de procesadores, resultado de esta adquisición han sido un elemento clave que ha permitido a Apple mejorar las prestaciones del iPhone. Y tener diseñadores de procesadores dentro de la empresa, significa que esta podría crear productos innovadores como el Apple Watch, que utiliza el procesador S1, o los AirPods (que montan el chip inalámbrico W1).

Todos a una

Las compañías de cierto tamaño suelen organizarse por equipos de negocio alrededor de sus productos o líneas de productos. Cada uno de estos grupos tiene su propio marketing, comunicación, diseño, desarrollo y otros equipos, que trabajan como mini empresas ex exclusiva para su producto.

El mayor beneficio de este sistema de trabajo es que ofrece una dirección clara a escala. Cada grupo se mantiene o cae por sus propios méritos, pues cada equipo dispone de los recursos necesarios para que su producto sea un éxito con líneas muy claras de responsabilidad.

Sin embargo, hay un gran inconveniente: las empresas a menudo acaban siendo esclavas de un solo producto, con luchas internas de poder entre productos que en ocasiones compiten unos con otros. El ejemplo clásico es Microsoft Courier, un avanzado proyecto de tableta que si se hubiera presentado habría revolucionado el mercado. Sin embargo, fue cancelado antes de su lanzamiento porque no usaba Windows… Y el grupo de Windows dentro de Microsoft es todopoderoso.

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La visión de Steve Jobs era difrente, lo que significaba que veía a Apple como un único equipo con los mismos objetivos. En vez de tener productos compitiendo. Apple tenía un único equipo para toda la compañía. Lo que significa que puede tomar la decisión estratégica de canibalizar un producto en favor de otro, como es el caso del iPhone, que se convirtión en el sustituto del iPod.

Parar (casi todas) las filtraciones

A principios de los años 90, Apple tenía filtraciones por todos los lados. No es que se filtrara dinero, agua o equipos: lo que se filtraba era información sobre futuros productos.

A mediados de los 90, yo trabajaba en la revista MacUser, que se había ganado una gran reputación revelando información sobre Apple y los dispositivos en los que estaba trabajando. A menudo, las fuentes de Apple revelaban no solo pequeñas informaciones, sino documentos enteros (incluido el importantísimo “plan de presentación del producto” – PiP, que contaba todo sobre un nuevo producto con todo lujo de detalles. Y esto pasaba algunos meses antes del anuncio oficial… Y, por supuesto, nosotros estábamos tan felices revelando estas noticias.

En cuanto Steve Jobs volvió, las filtraciones empezaron a secarse… Apple no solo se convirtió en una empresa más cohesionada y con menos filtraciones, sino que se envolvió de un cierto halo de secretismo. Se corrió la voz de que ciertos documentos de productos corrían por dentro de la empresa con errores intencionados para, llegado el caso, identificar al autor del chivatazo. Aunque nunca pude conformar estos rumores, el hecho de que existieran da una idea de lo duros que se pusieron en materia de seguridad.

El momento más crítico fueron los casos “Apple contra Does” y “Apple contra DePlume” que llegaron a los juzgados. Archivado en 2004, “Apple contra Does” fue un intento de Apple de forzar a unas webs nuevas a que revelaran las fuentes de una filtración. “Apple contra DePlume”, archivada también por aquel entonces, acusaba al editor de Think Secret (una web dirigida por un chaval de 18 años llamado Nick Carelli) de dañar los intereses enconómicos de Apple por publicar artículos sobre futuras versiones de iWork (un iMac sin cabeza), que más tarde sería lanzado con el nombre de Mac Mini.

Apple perdió el caso contra Does y resolvió el caso con dePlume, pero lo importante fue que llevando a esta gente a juicio mandaba un mensaje interno a toda la compañía: Apple estaba dispuesta a denunciar para proteger sus secretos. Aunque la empresa no está tan obsesionada con esto ahora, lo cierto es que sigue siendo muy importante el secretismo alrededor de sus productos.

 

 

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